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La RPDC-modelo para todos los países del mundo

Unai Bayon Aranburu
Asociación de Amistad con Corea en el País Vasco

Los obreros del Occidente se caen en el mundo de oscuridad a causa de la prolongada crisis del capitalismo. EE.UU. y la Unión Europea están apretando cada vez más la soga al cuello de los obreros para aumentar sus ganancias. Aunque EE.UU. y la Unión Europea propagan con grandes voces a los Estados "libres" de EE.UU., y Europa, los libres en estos países son precisamente los dominantes de estas sociedades que viven en los parásitos del trabajo de la abrumadora mayoría de la población. El socialismo reviste el carácter científico. En la sociedad de clase explotadora existen dos clases, o sea, la minoría de explotadores y la abrumadora mayoría de la población, entre ella obreros, campesinos e intelectuales.

La historia del movimiento comunista ha enseñado que no puede ser independiente ese Estado donde un puñado de explotadores saquea a los pueblos que representan la mayoría absoluta. Como indicara el Presidente Kim Il Sung, la independencia es un atributo del hombre deseoso de vivir libremente como dueño del mundo. ¿Será independiente aquel Estado donde la mayoría de la población no pueda tomar el poder debido a la reforma impuesta por el gobierno burgués? Nos hace falta dejar en claro una cuestión. Que la independencia de la nación es precisamente el socialismo, el cual es el poder de los obreros, campesinos e intelectuales que sirven a la revolución.

El siglo XX ha sido siglo de lucha de los Estados independientes en contra de quienes llevaban una vida parasitaria y siglo de lucha de los países socialistas contra los capitalistas. Como producto de esa lucha, nació la RPDC y defiende firmemente su independencia oponiéndose al imperialismo y constituye el faro orientador para todos los Estados del mundo.

La experiencia de la RPDC nos enseñó que un pueblo independiente es capaz de romper el yugo de opresión y acabar con la sociedad burguesa, y transformar un país pequeño por el modelo mundial.

No valdrá pena querer una patria si ésta no desea traspasar el poder a los obreros, campesinos e intelectuales. Tampoco no nos sirven esos tipejos que reclaman el país por una parte y, por la otra, lo reprimen y lo venden. El amor al comunismo y al país conduce a los pueblos y Estados del mundo a caminar por la senda del progreso, y en particular, a seguir el ejemplo como la nación coreana.