En un día de septiembre de 1952, cuando la Guerra de Liberación de la Patria estaba en su apogeo, el gran Líder, camarada
El gran Líder señaló la necesidad de aniquilar a los enemigos atacantes en el mismo frente de defensa y enseñó que para frustrar la ofensiva enemiga deben combatir con métodos adecuados a las condiciones reales del país y que los métodos como el combate nocturno y el asalto sorpresivo que aplicaban los combatientes revolucionarios antijaponeses y los heroicos soldados del Ejército Popular son los más eficaces que se convienen a la situación de nuestro país.