Fue cuando el estimado camarada
Abrazó en su regazo a los niños que le acuden uno tras otro, les acarició las mejillas y dio aplausos escuchándoles cantar.
Aunque pasó largo tiempo dijo que abandonaría el jardín luego de ver a los niños cenar. En el comedor se interesó por el menú de la cena y señaló que con mismos materiales de alimento prepararan diversos manjares y combinaran el arroz con meriendas.
Dijo que la risa de los niños hace brillar el país y deseó a los educadores y empleados del plantel que criaran debidamente a los huérfanos, futuro de la patria y continuadores de la revolución recomendando que les confiaba a ellos.