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Mientras permanezcan vivas excelentes tradiciones de la familia de Mangyongdae, son claros y prometedores el presente y el futuro de la revolución coreana

V. E. Kudimin
Director del Instituto de Estudio del Kimilsungismo-Kimjongilismo de Rusia

Cada vez que visito a Pyongyang, corazón de la revolución coreana y centro espiritual de los seguidores de la idea Juche de todo el mundo, visito antes que nada al Palacio del Sol Kumsusan. Aquí en el palacio sagrado se hallan en el estado vivo grandes compañeros Kim Il Sung y Kim Jong Il, grandes hombres sin par, quienes aclararon el camino de la independencia con la idea inmortal.

Y cada vez que visito al lugar sagrado supremo del Juche suelo rememorar la vida de Kim Il Sung y todo cuanto él ha logrado para Corea y para toda la humanidad.

Esta vez voy a hablar brevemente sobre el ambiente en el que Kim Il Sung creció en el combatiente indoblegable y el gran activista de la época.

En el proceso de la formación de personalidad de cada uno, ocupa un lugar extraordinario, sin temor a equivocarse, el ambiente familiar que él percibe desde el primer momento de su nacimiento.

Kim Il Sung nació en una familia genealógicamente patriótica y revolucionaria.

Kim Il Sung nació en ese período de gran pena y tragedia en la historia de 5000 años de su patria. Unos años antes de su nacimiento, el país de mañana cristalina fue arrebatado su soberanía.

Fue el resultado de la política de miopía de la dinastía feudal de Joson que había gobernado el país durante 500 años. Terminó con total fracaso esa política miope que consistía en apoyarse en las fuerzas ajenas y aprovecharse de las contradicciones entre los principales países imperialistas. Como consecuencia del servilismo a las potencias, se vio obligado a pactar al “Tratado de 5 puntos del año Ulsa” (1905) y Corea se convirtió en la colonia de la metrópoli, Japón.

En lugar de fortalecer su ejército, cumplir con la modernización general y levantar fábricas y empresas, los de alto rango feudal de Corea se aferraron a las artimañas diplomáticas intentando aprovecharse, a su vez, de las contradicciones de las potencias interesadas en esta región, entre ellos EE.UU., Rusia zarista, China y Japón.

Japón, tras derrotar a la dinastía Qing en la guerra de 1894-1895 y a la Rusia zarista en 1904-1905, firmó fácilmente el “acuerdo Katsura-Taft” (29 de julio de 1905) con EE.UU., con el cual se aseguró de libertad a anexar a Corea a expensas de permitirle al país americano ocupar Filipinas.

Corea sufrió el dominio colonial de Japón por un largo tiempo de 40 años. Esta vida colonial causó un desastre inmensurable a los coreanos. El imperialismo japonés pisoteó la cultura original de Corea y obligó a los coreanos a sustituir sus nombres y apellidos en los de los japoneses. Decretó la movilización forzosa hacia el ejército y las minas e impuso la esclavitud sexual a las coreanas.

La infancia de Kim Il Sung transcurrió en tales circunstancias. Presenció la cruenta represión del Levantamiento Popular del Primero de Marzo en la que fueron asesinados y encarcelados a miles de patriotas.

Merece agregar más sobre la familia de Kim Il Sung, ya que su familia no fue una común sino una ejemplar patriótica que había sido fiel a su pueblo por generaciones y había empuñado armas para defender los intereses del pueblo.

El señor Kim Ung U, bisabuelo de Kim Il Sung, dirigió la lucha del pueblo de Mangyongdae contra el “Sherman”, buque pirata norteamericano que se adentró en el río Taedong de Corea en 1866 con el objetivo de pillaje colonialista. Entonces los patriotas dirigidos por el señor Kim Ung U cercaron al buque pirata con las balsas inflamadas que lo quemaron y obligaron a los desgraciados a no atreverse a desembarcar en el país por mucho tiempo.

El abuelo Kim Po Hyon y la abuela Ri Po Ik, la generación siguiente de la familia de Mangyongdae, fueron excelentes patriotas que guardaron nobles cualidades morales en toda la vida para heredarlas a sus generaciones venideras. Gracias a la influencia del abuelo Kim Po Hyon y la abuela Ri Po Ik, en la familia nacieron extraordinarios patriotas y revolucionarios dotados del firme credo de vida.

El camarada Kim Hyong Gwon, tío de Kim Il Sung, fue revolucionario conocido a toda Corea y hombre de firme convicción comunista. El camarada Kim Hyong Gwon desplegó actividades políticas y militares dirigiendo un grupo armado del Ejército Revolucionario de Corea para darles influencia revolucionaria a las masas y dio un golpe duro a los enemigos con la táctica audaz y adiestrada.

Fue detenido y encarcelado en la cárcel de Seúl debido a un traidor. Ningún tipo de torturas, burlas y hambre jamás pudo derrumbar su convicción. Él falleció en la cárcel pero sigue con nosotros siendo el paradigma del revolucionario indoblegable dotado de una elevada responsabilidad del servicio al pueblo.

El señor Kim Hyong Jik, padre de Kim Il Sung, siguió las excelentes tradiciones de la familia de Mangyongdae que eran la idea patriótica, sublime responsabilidad hacia el pueblo y fidelidad al gran objetivo. El señor Kim Hyong Jik concibió la idea de “Jiwon” que significaba tener un gran propósito.

Él dijo que para ganar victoria en la causa por la justicia y felicidad, por si no la alcanzara en su generación, debían completar con la idea de “Jiwon” las generaciones siguientes de la revolución.

Dejó el testamento oral a sus hijos de que recuperaran sin falta la independencia de Corea y falleció a la tan temprana edad de 31 años.

La madre Kang Pan Sok, madre de Kim Il Sung, también recorrió invariablemente el camino de la revolución. Nació en Chilgol en una familia de excelentes docentes provistos del patriotismo y del espíritu de servicio abnegado al pueblo. La madre Kang Pan Sok fue la pionera del movimiento femenino de Corea y la primera en agrupar a las mujeres en torno a la organización para desplegar actividades políticas entre ellas. Igual al padre, la madre del Presidente murió a la edad temprana dejando a sus hijos el testamento de que lograran la restauración de Corea y cultivaran felicidad en la patria.

La madre le entregó dos pistolas a su hijo, Kim Il Sung, siguiendo el testamento del padre de recuperar la soberanía del país por medio de la lucha armada. Deseosa de anticipar la fundación de la guerrilla antijaponesa, hizo cuanto pudo por su realización.

Hasta aquí sobre la familia y el ambiente en que nació y creció Kim Il Sung. No cabe duda que la tradición revolucionaria y patriótica de la familia de Mangyongdae sea transmitida a los descendientes gracias a las nuevas generaciones de la revolución. Ya presenciamos cómo el ideal de la familia de Mangyongdae se ha hecho real, pues Corea ganó la victoria inaudita en la causa de liberación nacional, se ha levantado de las ruinas después de derrotar a los imperialismos japonés y norteamericano en la ardua lucha sangrienta, ha superado la marcha penosa bajo la dirección del gran Dirigente Kim Jong Il y ha abierto ancha la puerta hacia la potencia correspondiente a todos los requisitos de la potencia del siglo XXI.

Hoy la tradición excelente de la familia de Mangyongdae, el espíritu patriótico, la idea noble de “Jiwon” y la idea de considerar al pueblo como el cielo sigue en sucesión porque el estimado compañero Kim Jong Un está al frente de la revolución. Mientras permanezca viva esta tradición, son claros y prometedores el presente y el futuro de la revolución coreana.